Después, con los años, conduje otros modelos, y el segundo coche de mi padre (un Ford Orion 16.i Ghia), fue el primero con el que llegué a los 100 por hora (al menos puse la aguja de velocidad en 110). Fue en un polígono industrial, y vuelvo a la nostalgia, antes no había tanta vigilancia como ahora, y era más fácil hacer estas cosas: ahora es que da asco tanto control y tantas normas. Tenía 16 años, me faltaban unos meses para cumplir 17.
Más tarde, vinieron los coches que conduje en el ejército; básicamente Nissan Patrol y Land Rover Santana, cortos y largos, el 88 y el 109 creo recordar, que allí los llamaban de media tonelada y de 1/4 de tonelada, si la memoria no me falla. También llevé un Seat Marbella de una empresa de seguridad, y con ese coche, disparé con mi pistola de balines mientras lo conducía, así que fue de las primeras ocasiones que practiqué el arte de conducir y disparar a la vez, aunque ya lo hice antes con un toro elevador.
Y entre unas causas y otras, pero principalmente por razones económicas, no me compré mi primer coche hasta la avanzada edad de 29 años, y fue un coche pequeño, humilde, no muy caro, y ya sabéis cuál es si habéis leído el título. Este coche, como curiosidad, era verde, y era un tono verde no muy distinto al de los coches del ejército; aunque es verdad que los jeeps de Infantería de Marina son de un verde muy oscuro. En fin, el caso es que la mayoría de coches que he llevado son de color verde; seguidos de los azules, entre los que están mi actual y segundo coche, y el Marbella de aquella empresa de seguridad.
El Renault Twingo es uno de los mejores coches que hay, al menos en ciertos aspectos muy importantes: nunca me dejó tirado en medio de la carretera, era muy fiable, cómodo y ágil a la hora de conducir y de aparcar, y barato. Está claro que yo soy enemigo de la electrónica aunque me gusten los ordenadores, porque el Twingo y mi actual Ford tienen pocos marcadares electrónicos, y eso lo agradezco: cuántas más pamplinas tenga un coche, peor. Y eso ya lo sabéis muchos mejor que yo. Y aún peor si esas chorradas son electrónicas.
Con el Twingo pasé muchas aventuras. En realidad, lo compré por necesidades de un trabajo que me salió hace más de 15 años, en el que era mucho mejor ir en coche que en transporte público, ya que la combinación era malísima. Lo amorticé mucho, porque mientras estuve de vigilante en ese sitio, ahorré bastante, recuperando con creces lo que invertí en el Twingo. Quede claro, que los coches que he tenido hasta ahora eran de segunda mano, creo que vale la pena pagar menos, porque aún así el coche te puede durar bastantes años, sobre todo si no haces mucho el burro.
Después, el Twingo me llevó cuatro veces a Valencia, sin fallarme nunca, aunque haciendo algunas paradas para prevenir. Esas cuatro veces fueron viajes divertidos e inolvidables en los que empezaba a salir con mi dulce esposa, que estuvo trabajando en Valencia en verano del 2011.
Sería largo contar todo lo que hice con mi querido Twingo, pero con él, por supuesto, también hice lo de conducir y disparar a la vez, aunque en principio creo que es mejor no publicar el video de aquella peripecia. Y claro, metí ese coche por caminos de tierra y piedras, y muchas cosas que hice con él. Tampoco quiero contarlo todo, y creo que ya he contado demasiado.
El pobre Twingo me duró 11 años, ya tenía 9 cuando lo compré, y ya empezaba a sufrir más de la cuenta en las subidas, y le costaba mucho pasar de 110 por hora. Eso, y otras circunstancias que no quiero nombrar, me empujaron a darlo de baja, y con mucha pena. Quizá alguien me hubiera ofrecido algo de dinero por él, y de hecho un año antes una persona se interesó, pero en aquel momento yo aún necesitaba el coche.
En fin, muchas gracias Renault Twingo (yo lo llamaba Twinguito, ya sé que suena cursi, pero realmente quería a ese coche). Creo que todos los coches, o casi todos, tienen algo especial, es como si fueran amigos nuestros, y lo que si son es compañeros de fatigas, y a veces de aventuras y de cosas divertidas. Quién sabe, quizá peco de exceso de sentimentalismo, pero a veces da la impresión de que todas las cosas tienen algo de alma.
En fin, de nuevo, muchas gracias, Twingui.




